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Noctámbulos | Capítulo 1: Sr. Sexy-pero-peligroso, conozca a la Srta. Alborotadora


Brooke 

Me despierte sobresaltada. La molesta luz de la mañana me hizo entrecerrar los ojos hasta que poco a poco me empecé a acostumbrar a ella. Mire el despertador que había en mi mesilla de noche. Faltaba más de media hora para que sonase. Me levante de la cama y me fui directa a la ducha. Me sentía cansada y dolorida por ese sueño que llevaba dando vueltas por mi cabeza desde hacía varias semanas. ¿Quién era ese chico sin rostro de mi sueño por el que supuestamente sería capaz de ponerme en peligro con tal de saber que estaba a salvo? ¿Y quién era el otro hombre cabreado? ¿De dónde venía ese disparo? Y, lo que era más importante, ¿por qué ese sueño había sido tan vívido y me había dejado tan angustiada?


En serio, necesitaba que ese sueño se borrase de mi cerebro para que así dejase de atormentarme y pudiese tener unas cuantas horas de descanso decentes.

Deje de pensar en ello y termine de ducharme. Cuando salí de la ducha, me dirigí al armario y empecé a vestirme. Unos pantalones azul marino ajustados y una camiseta blanca de hombro caído sería mi elección para ese día. Deje que mi largo cabello castaño claro cayera en suaves ondas por mi espalda y me aplique una ligera capa de mascara de pestañas.

Baje a la cocina y, como era normal, la casa estaba vacía. Mi madre, Katherine, trabajaba en un hospital en el turno de noche en el centro de la ciudad y no llegaría a casa hasta dentro de una hora, si es que llegaba a pasar por casa, ya que mi madre a veces (la gran mayoría de las veces) se quedaba a dormir en un viejo estudio que pertenecía a su novio, y que estaba más cerca de su lugar de trabajo. La mayor parte del tiempo mi madre vivía en ese apartamento excepto los fines de semana. 

Me preparé el desayuno y mientras me bebía un vaso de zumo me percaté de que había una nota pegada a la nevera:

Me quedaré en el estudio el resto de la semana. Que tengas un buen primer día de clase. Nos vemos el sábado por la mañana. No te olvides de hacer la compra. Te quiero.
K-.
P.D: Jack vendrá a verte entre semana para saber cómo estas.

Deje la nota de nuevo pegada a la nevera, termine mi zumo y me dedique a observar por la ventana mi jardín trasero. El viejo columpio de hierro medio oxidado se mecía con la suave brisa mañanera. Cogí mi taza de café, me dirigí a la puerta trasera y me senté en el columpio. 

Mientras me tomaba mi café, me mecí muy suavemente. Escuche la voz amortiguada de la señora Montgomery mientras les preparaba el desayuno a sus hijos. Ellos se reían, haciendo bromas sobre el primer día de clase. Echaba de menos esos desayunos con mi madre.

Termine mi desayuno y justo después escuché el familiar sonido del coche de mi mejor amigo Ben. Desde que Ben tenía la licencia para conducir, había sido el taxista oficial para mi mejor amiga, Annia, y para mí, ya que nosotras no teníamos coche, no por falta de ganas sino por falta de dinero. 

Me levante y fui directa a casa para dejar la taza, recoger los restos del desayuno y coger mi mochila. Salí y salte directa al asiento de copiloto.

-Buenos días. Hoy estás especialmente hermosa, Brooke. - dijo guiñándome un ojo y sonriéndome de oreja a oreja mientras ponía el coche en marcha. Observe su perfil. Él era muy alto, de constitución fuerte pero no hasta el punto de la exageración, con pelo rubio oscuro, y con unos ojos verdes que quitaban el aliento de las chicas de nuestro instituto. Bueno, quizás también nos impresionaba un poco tanto a Annia como a mí pero nunca lo admitiríamos en voz alta, y mucho menos delante de él.

-Buenos días. Tu tampoco estás nada mal. ¿Qué es lo que quieres? - dije devolviéndole la sonrisa y revolviendo su desordenado cabello. 

-Verás, mi padre organiza todos los años esa estúpida fiesta benéfica que sabes que odio con cada fibra de mi ser y me encantaría que tú, mi increíble mejor amiga, seas parte de esa tortura –dijo poniéndo ojitos mientras que arrancaba la vieja camioneta de su padre.

-Es un honor que hayas pensado en mí para esa clase de tortuoso evento que sabes que yo también odio pero tengo otros planes

-¿Cómo cuáles? –pregunto extrañado

-Como sentarme en casa viendo la tele con mi madre, Jack o sola mientras me como un cubo gigante de palomitas y una caja de galletas con pepitas de chocolate.

-¡Ni siquiera sabes que día es! –dijo con fingida indignación

-No te preocupes, ni quiero saberlo 

-Por favor, te estoy suplicando. Sé que Annia no soporta ese tipo de celebraciones

-¿Y crees que yo sí? –le di una mirada incrédula

-Solo digo que tú tienes más mano para este tipo de cosas que ella 

-Te avergüenzas de ella –afirme más para mí misma que para él

-Ni mucho menos –dijo sorprendido-. Tan solo digo que tú te sabes maneja mejor por ese tipo de ambientes

-Yo no soy una de esas pijas que van a admirar obras de arte o dona dinero a causas totalmente ridículas 

-Corrijo: no eres pija pero si admiras el arte

-Corrijo: no soy pija pero admiro el BUEN arte no esa mierda contemporánea a la que ellos llaman "arte"

-Bien, lo que tú digas pero sabes cómo mezclarte entre esa gente. Además, necesito apoyo moral y mi padre está deseando verte. Él te adora

-Exageras. En todo lo que has dicho

-Por fa...

-No

-..vor

-Ni lo sueñes y, ni mucho menos lo intentes –dije reforzando mi firme decisión

-Vale, está bien, lo que tú quieras –dijo poniéndose serio mirando fijamente a la carretera-. Pensé que eramos amigos...

-No empieces, Ben, que nos conocemos –dije mirándole cansada pero divertida por esta conversación

-No, tranquila, lo entiendo. Simplemente creía que nuestra amistad iba más allá y que estarías dispuesta a sacrificar una noche de sábado por mí pero ya veo que estaba equivocado. No volveré a pedirte ese tipo de favores -me miro dándome una triste (y totalmente fingida) sonrisa de disculpa y rápidamente miro al frente para seguir conduciendo

Me lo quedé mirando fijamente con la culpa corroyendo todo mi ser aunque sabía a ciencia cierta que él estaba utilizando esa malvadas y efectivas manipulaciones para llevarme a su terreno. ¿Era una mala amiga? No, simplemente era de mente débil y él era muy consciente de ello.

Maldito manipulador... 


-Vale, está bien. Iré contigo a esa dichosa fiesta del demonio

-Sábado 17 de diciembre a las 9 pero te recogeré a las 8.30 p.m. para no llegar tarde. 

-Iré pero con una...

-No vas a ir en vaqueros. Ni siquiera en pantalones de traje. Ni lo pienses. Te pones vestido formal. capisce? –dijo rápidamente mientras me señalaba con un dedo acusador y me miraba serio aprovechando que estábamos parados en un semáforo en rojo.

-Te odio

-Yo también te quiero, B –dijo mirándome con una sonrisa triunfal mientras puso en marcha la camioneta de nuevo. Ya quedaban un par de minutos para llegar al instituto y ni siquiera me había percatado de que hacia un buen rato que habíamos dejado atrás la casa de Annia.

-Por cierto, ¿dónde está Annia? –pregunte con curiosidad- ¿Por qué no hemos pasado a recogerla?

-Me dijo que hoy no la recogiera porque su querido padre quería llevarla hoy al instituto.

Le mire extrañada. El padre de Annia, el señor Morgan, era el típico hombre de negocios que nunca estaba en casa y no tenía ningún tipo de relación ni contacto con su hija.

-¿Y ese repentino interés por ella se debe a...?- le pregunto realmente interesada 

- No tengo ni idea - me respondió con rotunda sinceridad - Nos enteraremos en cuanto la veamos

Ben aparcó unos segundos después en el aparcamiento del instituto cerca de la puerta de entrada al edificio. Bajamos del coche y esperamos sentados en el capo a que llegara Annia durante tres cuartos de hora.

- No sé por qué, pero Annia siempre se las arregla para llegar tarde a los sitios - dijo mirando una y otra vez a su reloj-. Llevamos casi un cuarto de hora esperándola.

-Puede que sea la persona más impuntual pero aun así la queremos -dije sonriendo y dándole un codazo amistoso.

-Eso no es verdad. Ni siquiera me gustas tú la mayor parte del tiempo -dijo él despreocupado

Mentía, obviamente. Los tres habíamos sido inseparables desde que eramos críos.

-Sí, sí, lo que tu digas, campeón -dije aun sonriendo-. Te encanta pasar tiempo conmigo y Annia

-Mierda. Por desgracia, tienes razón. Me conoces mejor que mi madre. ¿Debería empezar a asustarme? –dijo bromeando

Le mire durante unos segundos mientras sacaba un cigarrillo de su bolsillo trasero, lo encendía y le daba una calada. 

-Mira, hablando de la reina de Roma. Allí está la pequeña tardona- dijo mientras expulsaba en humo por su nariz-. ¡Hey! Espera. ¿Cómo es que está saliendo de ese pedazo de coche?

-Será de su padre... -dije también un pelín desconcertada mientras observaba a Annia despedirse agriamente de su padre

-No. Su padre tiene un Mercedes. Y eso, querida, es un Range Rover Evoque Dynamic –dijo aún alucinado-. Qué envidia

-¿Eso significa que es bueno?

-Bueno, comparado a la estructura de metal oxidado que podría caerse en cualquier momento porque, para que nos vamos a engañar, es una mierda a la que llamamos "camioneta", sí, es mucho mejor.

-Oye, tu padre tiene el dinero suficiente para comprarte el coche que quieras. Es más, él se ofreció a comprártelo

-Sí, pero yo quiero conseguir las cosas por mis propios medios

-Entonces no te quejes tanto –dije regañándole cariñosamente

Vi como Annia se apresuraba hacia nosotros a grandes zancadas, con su largo pelo negro agitándose de un lado a otro y sus ojos azules como zafiros llameaban con furia apenas contenida.

- Hola, ¿qué te pasa? -pregunte con cautela a Annia. Por su cara estaba claro que tendría que andar con pies de plomo si no quería que su ira cayese sobre mí.

-Hola - contesto malhumorada - Lo que pasa es que mi padre es idiota

-Eso no es una novedad –dijo Ben riéndose de su propia broma. Ella le dio una mirada de esas que eran capaces de cortar vidrio y él rápidamente paró-. Lo que quería decir es, ¿qué ha pasado? - pregunto Ben

-Mi padre tiene que irse a vivir a Nueva York por asuntos de negocios y está intentando convencerme para que vaya a vivir con él y así "pasar más tiempo juntos" -contesto- pero yo sé que es una excusa para fastidiar a mamá, por el tema del divorcio y todo ese rollo.

-¿Y el coche? –preguntó Ben

-Quiere comprarme a través de objetos materiales como el coche o la tarde de compras del otro día

-¿Te llevo de compras? –dije sorprendida

-Sí. Casi compra el centro comercial –dijo cansada

-O sea, que el coche es tuyo. Es todo tuyo. ¿Puedo conducirlo? -rápidamente le di un puñetazo no muy amistoso en el brazo para que cerrase la maldita boca. Este hombre no tiene ninguna clase de filtro- ¡Dios, Brooke! ¿¡Estás pensando en entrar en el equipo de lucha del instituto o solo es que quieres matarme!? ¡Vaya brazo! –dijo Ben mientras se frotaba el brazo que acababa de golpear intentando aliviar el dolor

-Idiota, concéntrate –conteste a su queja. Me gire hacia Annia y dije-: ¿Y tú que piensas hacer? ¿Crees que al final te irás con él aunque sea contra tu voluntad? -le pregunté preocupada. Yo no podía perderla a ella. Eran una de las personas más importantes en mi vida.

-Creo que no tendré que irme si no quiero -me contesto- Mi madre no lo permitiría jamás.

Ben y yo soltamos un pequeño suspiro de alivio al saber que no tendríamos que perderla.

-Bueno creo que deberíamos dejar pasar este asunto y divertirnos -dijo Ben- Este pequeño contratiempo no nos tiene porque amargar nuestro primer día de clase, ¿no?

-El simple hecho de estar en el instituto otra vez me amarga la existencia, Ben - contesto Annia suspirando - Menos mal que os tengo a los dos para hacer que mi vida sea lo más llevadera posible -dijo esto último sonriendo y yo la sonreí de vuelta.

Nos dirigimos al interior del edificio y fuimos directos a las taquillas que nos habían asignado. 

Los tres teníamos taquillas contiguas. Nos había costado semanas convencer a la de administración, la señora Parker, de que nuestras taquillas estuvieran lo más próximas posible. En realidad, todo el mérito era para Ben, quién había usado todos sus encantos y técnicas de seducción hasta que Parker había estado comiendo de la palma de su mano. A mi izquierda estaba la taquilla de Annia y dos taquillas más a la derecha de mí estaba la de Ben.

Recogimos nuestros libros. Ben se fue por un pasillo a su clase de economía mientras que Annia y yo nos dirigimos a nuestra clase de historia, al otro lado del edificio.

Odiaba la historia. No porque la asignatura en si no me gustase sino que no me gustaba la profesora que la impartía, la señora Mikaelson. La señora Mikaelson era, por decirlo de una manera bonita, la encarnación de Satanás. Me odiaba y yo la odiaba a ella. Todo empezó porque una tontería (como suelen empezar todas las buenas historias) que paso a mitad de mi primer año. Estaba sentada en clase mientras que Mikaelson explicaba la Guerra de Secesión cuando Bobbie Pinkman, mi compañero en esa clase, contó el chiste más tonto que jamás se haya contado. Era tan estúpido que ya ni me acuerdo de cómo era. El caso es que me pillo tan de improvisto que estalle en risas. Muy alto. Mi risa duro al menos 10 minutos. Cuando termine con mi ataque de risa psicótico lo único que conseguí fueron 1) las miradas incrédulas de mis compañeros, 2) una visita al despacho del director, 3) una amistad menos, 4) un castigo después de clase de una semana de duración y 5), lo más importante, el insaciable odio de la señora Mikaelson (alias Satanás 2.0) hacia mí.

Entramos a la clase donde ya había un pequeño grupo de personas sentadas o de pie charlando entre ellas. Annia y yo nos dirigimos al final de la habitación, en la penúltima fila de asientos, juntando nuestros pupitres, como habían hecho nuestros compañeros de clase. Ella se sentó en el asiento junto a la ventana y yo me tuve que conformar con el otro.

Annia y yo estábamos hablando sobre una fiesta que se celebraba en primer viernes del curso organizada por los alumnos de último año, es decir, nosotros, cuando entró un chico nuevo. Y oh, joder, menudo chico era ese...
Pelo negro como el ónix, corto a los lados y algo más largo por arriba, que pedía a gritos enredar tus manos a través de las suaves hebras. Preciosos ojos dorados que quitaban la respiración. Piel con un toque de bronceado que envolvía un musculoso cuerpo. Y rostro que era malditamente perfecto... Era ese tipo de belleza que hace que te gires a mirar más de una vez para cerciorarte de que esa clase de criatura era real. Vestía vaqueros azul oscuro estratégicamente rotos y una camiseta gris de manga corta con cuello redondo. No está mal. Nada mal... pensé para mis adentros. Cualquiera que tuviera dos dedos de frente sabría apreciar tal belleza y sabía que por la expresión en su cara y por la sonrisa de suficiencia en su rostro que él era consciente de lo guapo que era. Tenía pinta de ser uno de esos "chicos malos" a los que no les importaba nada ni nadie. Un idiota para ser más claros. 

Se encamino hacia el interior y hecho un vistazo a la clase. Entonces, levanto la vista y me miro. Esos ojos me tenían hipnotizada, en serio. Joder, ¡eran preciosos! ¿Qué puedo hacer? Tengo una debilidad por los ojos bonitos.

Se me quedo mirando fijamente, al igual que yo, y me sonrío. Tenía una sonrisa preciosa, he de admitirlo, aunque descarada. No me gustan esas sonrisas. No le seguí el juego, ese chico por muy guapo que fuera me daba mala espina. No es que fuera prejuiciosa (o tal vez sí pero no podía remediarlo) pero tampoco era tonta. Aparte la mirada para dirigirme hacia Annia.


-¿Has visto lo guapo que es? ¿Tendrá novia? Parece un modelo, ¿no crees? - me dijo Annia sin para de mirarle de arriba a abajo.

-Annia, ten cuidado con la baba o acabarás teniendo una desagradable mancha húmeda arruinando tu fabulosa camisa. Aunque supongo que no te puedo culpar, es guapete -le conteste. Ella me miro con una expresión que decía "¿Estás loca o que te pasa? ¡Pero si es guapísimo"- Vale, he de reconocer que es muy guapo y no me sorprendería descubrir que es un modelo o algo así, pero no existe la perfección así que algún defecto tendrá, ¿no?

-Me gustaría creer que por fin he encontrado a la persona perfecta pero gracias por quitarme todas las esperanzas. - dijo ella con un tono de molestia aunque sabía perfectamente que no hablaba en serio.

-Oye, puede que sean imaginaciones mías, pero, ¿no te da mala espina?- le pregunte ya hablando en serio, esperando una respuesta negativa.

-La verdad es que parece el típico chico malo y muy peligroso que hará que te enamores de él y luego te dejara tirada. -contesto con total calma- Supongo que tienes razón, ningún chico es perfecto.

La señora Mikaelson hizo acto de presencia en ese mismo instante y esa fue la señal para que todo el mundo, incluyendo al Señor Sexy-pero-peligroso, se sentase en sus respectivos asientos. 
Y oh, sorpresa, ¿sabéis cuáles eran los únicos asientos disponible en la sala? Uno al otro lado de la clase, muy muy lejos de mí, y otro justo detrás de donde yo estaba... ¿Sabéis hacia dónde se dirigió el guaperas? ¡Bingo!

Mientras pasaba por mi lado me lanzo una mirada que no supe interpretar. Era como si me estuviese estudiando y, de repente, sentí el roce de su mano en mi brazo. Puede que solo fuera un simple roce para algunos y puede que ahora mismo parezca una exagerada, pero sentí una especie de energía que me recorría todo el cuerpo. Seguro que estaréis pensando que ese roce me provoco las típicas "mariposas en el estómago" o "sentimientos que hasta ahora desconocía" o alguna de esas frases de mierda que te hacen vomitar arco iris, pero nada de eso. Esa energía me inquieto. Una inquietud comparable a la que sientes cuando andas solo por la calle a altas horas de la noche y sientes que alguien te está acechando. 

-Señorita Graham, ¿se encuentra bien? - me pregunto la señora Mikaelson molesta. 
No me di cuenta de que me había quedado mirando a la nada. 

Mierda.

-Genial. Hoy hace un día espléndido, ¿no cree, señora Mikaelson? –conteste dándole una sonrisa forzada. Lo único que recibí fue odio en su mirada. Qué agradable es siempre está mujer...

-Buenos días chicos, en este nuevo curso nos va a acompañar el señor Cameron Russell, un nuevo alumno transferido desde California. Espero que reciba de ustedes una cálida y amistosa bienvenida -dijo con un tono que pretendía ser amable aunque sonó más bien forzado-. Señor Russell, ya veo que ha escogido los asientos al fondo de la clase. Espero que no sea un alborotador como algunos de sus compañeros de las últimas dos filas

¿Me acababa de llamar alborotadora? Porque parecía que en vez de mirarle a él me miraba a mí. Vale, era a mí. Esa mirada solo estaba reservada para una persona: Brooke Graham Hawkins. Y, por supuesto, mi nuevo compañero de clase tampoco pasó por alto la mirada de la profesora hacia mí.

-Tranquila, señora... -se quedó callado y pensativo, supongo que estaba intentando acordarse del nombre de la profesora.

-Mikaelson. Señora Mikaelson. Acuérdese –interrumpió Mikaelson mientras que él le dio una sonrisa divertida reclinándose en su asiento

-Tranquila, señora M. Le doy mi palabra de que seré bueno –contesto con una voz divertida y sabía que su mirada solo significaba una cosa: problemas.

Una vez que Mikaelson se giró (no sin antes hacer una mueca de disgusto hacia su nuevo alumno resultado del mote no autorizado que el susodicho había utilizado con ella), Sexy-pero-peligroso, ahora conocido como Cameron, llamó mi atención dándome golpecitos en el hombro. Una vez que me giré para enfrentarle, soltó sonriendo con suficiencia:

-Encantado de conocerla, Srta. Alborotadora 

***

¡Hola! Gracias por leer este capítulo. Espero que lo hayas disfrutado ^^ Te invito a que comentes qué te ha parecido y votes si te ha gustado.

Un beso y ¡nos leemos!

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